Capibara

Comisión de Lexicografía-RedACTE*

Un roedor, el más grande de todos, habita en gran parte de América del Sur. Nos referimos, por supuesto, al Hydrochoerus hydrochaeris o, para emplear su nombre más popular en los últimos tiempos, capibara. Este singular animal, característico no solo por la uniformidad de su color pardo o la forma cuadrangular de su cabeza, sino —y sobre todo— por lo amabilísimo de su temperamento, se ha ganado la simpatía de humanos y también de otros animales. Es común verlo en estado silvestre paciendo en los llanos amazónicos o, en zonas más urbanizadas, disfrutando de relajantes baños en piletas argentinas.

Recibe nombres de distinto tipo y no parece inmutarse: es carpincho en Argentina, Uruguay y Paraguay; capibara (o capivara, si se escribe en portugués) en los países andinos (Bolivia, Ecuador), salvo en Perú, donde es ronsoco; piropiro o chigüire en Venezuela; chigüiro en Colombia, donde alterna con ponche, que se convierte en poncho en Panamá; en las Guyanas se registran watras, cabiai y kapoewa. Pero ciertamente parece indiscutible la prevalencia y mayor extensión de capibara, acaso por influencia de una canción, cuyo estribillo de ritmo pegadizo no hace sino repetir esta voz hasta el paroxismo.

El origen del término es guaraní: capi ‘hierba’ y uara ‘comedor’, es decir, ‘el devorador de hierba’. Y no podría ser más transparente porque, como es de todos sabido, este pacífico roedor es exclusivamente herbívoro. El segundo componente del étimo nos da algunas luces sobre su transmisión, ya que ciertas grafías con las que se ha registrado sugieren una introducción oral: capigua, capiguara, capihuara, capiwara, en las que se destaca el eterno dilema de la alternancia gu-hu-w, mientras que otras necesitan una incorporación escrita: capivara, capibara (no hay que olvidar, sin embargo, que en algún punto de la historia del español el doblete gráfico v-b representó el sonido [u]).

Aunque su habitual temperamento calmo y la publicidad que recibe en redes nos sugerirían que es un animal exento de peligros, lo cierto es que ha sido objeto de consumo en distintas áreas; de ahí los términos carpinchero para designar a sus cazadores o carpinchada para las jornadas en las que se los caza. Huyen de ese destino sumergiéndose en los ríos, pues son grandes nadadores, así protegen su carne, su grasa y su piel, por los que son buscados. Quizá de ese hecho deriva la expresión argentina “como carpincho que ve a un felpudo”, metáfora de un desconcierto o susto superlativo.

Cualquier influencer, suerte decronista de nuestro tiempo, podría dar fe de la fascinación de estos roedores por el agua, pero Bernabé Cobo, jesuita español, se adelantó unos cuatrocientos años. Así lo refiere en su Historia del Nuevo Mundo (1653): “Toda aquella tierra está cubierta de […] capibaras, que son como puercos de agua, que solo los hay en aquellas partes de las Indias, siempre andan en el agua”.

Dicen que en un estanque, entre juncos y alhelíes, un capibara duerme en medio del agua quieta. Todos quieren mirar sus pestañas entreabiertas.  No nos regresa a ver con sus ojos color miel. Es que se llama carpincho y otros lo llaman chigüiro. Unos y otros se equivocan y ahora está escondido. “Quiero llamarme ronsoco”, canta triste y pedigüeño.

FDíazG (2025)

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Artículo de La Nación – ¿Cuál es la diferencia entre el carpincho y el capibara?

Redactor: Gildo Valero

Comisión de Lexicografía-RedACTE: Fernando Alviar (Colombia), Claudia Dorado (Bolivia), Fabiola Díaz (Ecuador), Tania Fernández (Panamá), Diana Gamarnik (Argentina), Dilia Martínez (Honduras), Gildo Valero (Perú)

Publicado por RedACTE

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