Cada 2 de abril, Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo, nos invita a pensar cómo nos comunicamos. No solo qué decimos, sino cómo lo decimos y a quiénes dejamos afuera cuando no pensamos en la diversidad de lectores.
La accesibilidad cognitiva resulta fundamental en este contexto. Y para quienes trabajamos en la corrección de textos implica ampliar la mirada: un texto no está “bien” solo porque respeta las normas lingüísticas, sino porque sus destinatarios pueden comprenderlo.
Los textos institucionales (formularios, instructivos, páginas webs, comunicaciones públicas, entre otros) organizan la relación entre las personas y sus derechos. Si no se entienden, esa relación se debilita.
Lenguaje claro y accesibilidad: más que simplificar
El lenguaje claro propone que los textos se redacten para ser entendidos en la primera lectura. Esto implica usar oraciones breves, vocabulario preciso y estructuras ordenadas. Sin embargo, no se trata solo de simplificar: se trata de diseñar la información pensando en quien la recibe.
Aquí es donde la accesibilidad cognitiva amplía el enfoque. No todas las personas procesan la información del mismo modo. Para muchas personas dentro del espectro autista —y también para otros grupos— el canal visual puede ser más eficaz que el exclusivamente verbal.
Por eso, los pictogramas se vuelven una herramienta clave. Son imágenes simples que representan conceptos, acciones u objetos y que permiten reforzar o complementar el texto. No reemplazan las palabras, pero ayudan a construir sentido.
Incorporarlos en textos institucionales (por ejemplo, en instrucciones, señalética o trámites) puede facilitar la comprensión, anticipar los procesos y reducir la incertidumbre. En muchos casos, esto impacta directamente en la autonomía de las personas.
El rol del corrector en la comunicación multimodal
Desde la perspectiva de la corrección, este escenario plantea un cambio importante. Tradicionalmente, el foco estuvo en la ortografía, la gramática y la coherencia textual. Hoy, ese campo se amplía.
Corregir también implica revisar si el texto es claro, si está bien organizado y si resulta accesible. Y, cada vez más, conlleva a reflexionar y considerar la relación entre texto e imagen.
Los pictogramas funcionan como parte del mensaje y deben responder a criterios de claridad, coherencia y consistencia. Esto supone, por ejemplo, verificar que las imágenes correspondan efectivamente a los conceptos que acompañan, que mantengan un estilo uniforme y que se integren de manera lógica en la secuencia de lectura.
En este sentido, puede hablarse de una “gramática visual”: un conjunto de reglas que organizan cómo se disponen y combinan las imágenes a fin de producir significado. El corrector revisa también cómo las palabras interactúan con otros modos de comunicación.
Este enfoque exige nuevas competencias. Leer imágenes, evaluar su pertinencia y entender cómo contribuyen al sentido del texto se vuelve parte del trabajo profesional. Se trata de dialogar con el diseño en lugar de reemplazarlo.
Una práctica profesional con impacto social
La incorporación de pictogramas y el uso del lenguaje claro forman parte de una concepción de la comunicación como derecho universal.
Distintas normativas y recomendaciones avanzan en la dirección de promover textos más comprensibles y accesibles. Los entornos digitales, además, refuerzan esta tendencia al integrar de forma natural texto e íconos en interfaces y contenidos.
Para quienes trabajamos en corrección, esto también abre una nueva oportunidad. La de posicionarnos como profesionales que, además de la calidad lingüística, garantizamos la accesibilidad de los mensajes.
En definitiva, pensar los textos institucionales desde la accesibilidad implica asumir que no hay un único modo de comunicar y comprender, y que cuanto más variados sean los recursos que usamos (palabras, imágenes y diseño), más personas podrán acceder a la información.
En el Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo, esta reflexión, que debe ser cotidiana, cobra especial sentido. Porque mejorar la claridad de los textos no beneficia solo a un grupo específico: facilita la comunicación para todas las personas.
La corrección es fundamental en este proceso: construye mensajes más claros, más inclusivos y más justos, en lugar de limitarse a corregir errores.
* Comisión de Lenguaje Claro y Accesible de la RedACTE.
