Por Mariela Maldonado 🇺🇾
El último fin de semana de abril se realizaron en Montevideo las Primeras Jornadas Regionales de Corrección organizadas por el Área de Estudios Editoriales de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad de la República y la Asociación Uruguaya de Correctores de Estilo. En el transcurso de esos dos días entre comidas y cafeses compartimos ponencias, mesas de discusión y talleres.
Cuando recibimos la invitación de Felipe Correa para coorganizar este evento soñamos con tener unos cien participantes, aunque pensábamos que, con suerte, llegaríamos a los cincuenta. Sin embargo, solicitamos apoyos a instituciones públicas y privadas estimando doscientos participantes (para que pensaran que sería un evento «importante»). Nunca, ni en nuestros sueños más locos, imaginamos que contaríamos con más de cuatrocientos participantes entre invitados, docentes, egresados y alumnos —incluidas ponencias y conferencias presenciales y virtuales desde el exterior—, doscientos de los cuales recibirán certificados por haber participado en más de una actividad.
Todo ese esfuerzo y dedicación se consolidó en un evento que nos llena de orgullo. Como nos llena de orgullo que Sofía Rodríguez, Nuria Gómez Belart y Valeria Colella aceptaran la invitación para venir a Montevideo, participar en esta aventura y, de paso, brindar talleres de formación profesional.
Como nos llenan de orgullo los apoyos, los auspicios y las donaciones de instituciones, empresas y organizaciones; como nos llena de orgullo pensar que estas no serán las primeras y últimas Jornadas de Corrección y que otros, dentro o fuera del país, tomarán la posta y las seguirán organizando… y nosotros asistiremos con la alegría de haber dejado una huella en nuestra carrera, nuestra Universidad y nuestra organización.
Ahora, un párrafo un tanto más personal. Nada hubiera sido posible sin el entusiasmo, la insistencia, la dedicación y el esfuerzo de Felipe Correa Buroni que se puso el proyecto al hombro y, con su persistencia, nos entusiasmó y nos convenció de que podíamos llevarlo adelante. También quiero reconocer a los que destinaron horas de trabajar, de idear, de compartir, de preguntar y contestar, de redactar, de diseñar y de realizar mil actividades más (preparar el café, controlar las asistencias, armar las carpetas, comprar los vasitos, etcétera, etcétera).
