Por Tania Fernández 🇵🇦
Puede sonar reiterativo, pero vale la pena insistir: la ortografía del cargo del papa vuelve a la conversación cada vez que la chimenea de San Pedro expulsa su humo blanco. Quienes hemos sido testigos de cuatro pontífices consecutivos —Juan Pablo II, Benedicto XVI, Francisco y, desde hace apenas unos días, León XIV— compartimos un privilegio generacional poco frecuente. El relevo pontificio no solo mueve conciencias religiosas: también reactiva consultas lingüísticas sobre si debemos escribir papa, Papa o incluso PAPA.
Entre las dudas, la más común es si es con nombre propio: ¿es papa Francisco o Papa Francisco?, o sin nombre propio: ¿es el papa viaja… o el Papa viaja…?
La Ortografía de la lengua española (RAE, 2010) zanja la cuestión: los nombres de cargos, dignidades y títulos se consideran sustantivos comunes y se escriben con minúscula inicial, salvo que encabecen oración. Por ello, lo correcto es escribir:
«El papa Francisco dio la bendición urbi et orbi».
«Apenas elegido, el papa León XIV saludó a los fieles».
Cuando el título sustituye al nombre propio —El Papa recibió a la delegación— la mayúscula es opcional como deferencia, nunca obligatoria. La FundéuRAE recomienda optar por la minúscula en textos informativos para mantener la uniformidad y evitar la mayúscula reverencial.
Hace poco circuló por WhatsApp la supuesta explicación de que debe escribirse PAPA porque sería la sigla de Petri Apostoli Potestatem Accipiens («quien recibe la potestad del apóstol Pedro»). El argumento falla por partida doble, ya que históricamente, ningún documento latino antiguo respalda semejante acrónimo. La voz papa procede del griego πάππας (páp‑pas), ‘padre’, adoptada en el latín tardío y aplicada primero a obispos en general.
Y, por otro lado, lingüísticamente, aun si fuera un acrónimo, los acrónimos asentados se tratan como nombres comunes y se escriben en minúscula: como por ejemplo, láser, sida, radar.
En consecuencia, la grafía PAPA no se sostiene ni por la etimología ni por la norma. Y ya que hablamos de la norma, cabe el recorderis de que un pontífice que inaugura un nombre no lleva “I” hasta que exista un segundo. Por eso hablamos de papa Francisco y no de Francisco I. En León XIV el número romano es obligatorio porque le preceden catorce papas homónimos.
Escribir correctamente el cargo del papa exige un equilibrio entre tradición y norma. La tradición puede invitar a la mayúscula de respeto, pero la norma —respaldada por la RAE y la FundéuRAE— impone la minúscula. Adoptarla no resta dignidad al pontífice; añade precisión y coherencia al texto. Así, ya hablemos del papa Francisco o del papa León XIV, honramos tanto la historia como la gramática y contribuimos a la claridad que RedACTE promueve.
Recomendaciones para redactores y correctores
- Use papa en minúscula; reserve la mayúscula para el nombre propio.
- Mantenga la minúscula en derivados: papado, bula papal, historiografía papal.
- Evite duplicar mayúsculas (Papa León XIV) salvo política editorial expresa.
- Prescinda de siglas inexistentes; cite fuentes académicas (RAE, FundéuRAE, Diccionario panhispánico de dudas).
- Compruebe la numeración de nombres pontificales.
- Ajuste los tratamientos honoríficos (su santidad, santo padre) a minúscula.
- Recuerde que la cortedad no quita respeto: el papa basta.
- Actualice manuales de estilo para eliminar mayúsculas reverenciales heredadas.
- Aclare en glosas o notas cuando se mantenga la mayúscula por razones protocolarias.
- Fomente la coherencia: la ortografía es también cortesía hacia el lector.
Puntos esenciales de la norma
- papa no es nombre propio; se escribe en minúscula.
- Se mantiene en minúscula incluso antepuesto al nombre pontifical (papa León XIV).
- Sinónimos como sumo pontífice, santo padre, romano pontífice también van en minúscula.
- Derivados (papado, curia papal) conservan la minúscula.
- La mayúscula de cortesía (el Papa) es admisible, pero prescindible.
«La corrección no es solo un afán de detalle: es el primer gesto de respeto lingüístico hacia quien nos lee».
