X Congreso Internacional de la Lengua Española en Arequipa (X CILE) — 14 a 17 de octubre de 2025

Por Felipe Correa (AUCE)

La expectativa inicial al asistir al X CILE en Perú fue encontrarme con algo similar a otros congresos, es decir: intercambio entre ponentes y público en las mesas y en los eventos periféricos; contenidos que aportan nuevas perspectivas; temas que generan curiosidad intelectual; información que, aunque no necesariamente uno trabaje directamente con ella, enriquece su comprensión profesional; estándar académico riguroso. Es importante destacar que mi interés específico es el trabajo editorial profesional, y por lo tanto esto puede haber sesgado mi experiencia (dado que se trata de un congreso académico de la lengua, aunque este insista en explorar la interacción de la lengua con las comunidades).

La grilla de actividades se organizó con tres plenarios en las mañanas y entre 9 y 12 mesas simultáneas en las tardes. Hubo un día completo que estuvo dedicado a actividades alrededor de la visita del rey de España, solo habilitadas para invitados especiales y expositores, no para público general inscripto. Los plenarios de las mañanas fueron sólidos, con participantes de alto perfil institucional (gobierno, Ejército), empresarial y académico, pero de cariz generalista y superficial, con temas y abordajes ya muy trabajados en la comunidad académica en los últimos diez años (en cuanto a lenguaje claro, a la importancia estratégica de la comunicación, a los problemas del uso de la inteligencia artificial). Las mesas de las tardes, por otra parte, sí ofrecían exploraciones más novedosas y especializadas en la enseñanza de la lengua, lexicografía y otros aspectos, pero la simultaneidad de tantas ponencias obligaba a elegir, con lo que se perdía acceso a 90 por ciento del contenido disponible.

Es notorio que se le dio la conferencia inaugural a Harry Belevan McBride, que insistió reiteradamente sobre el peligro de la «hidra de la corrección política» y el daño que le hace al idioma, sin ejemplos ni un discurso estructurado retóricamente (y debió solicitársele reiteradamente que terminara su ponencia).

Se trataron temas importantes: el derecho a entender (lenguaje claro), los avances y los problemas de la IA en relación con la lengua y los problemas de la corrección política aplicada como normativa absoluta. Pero faltó investigación reciente, enfoques innovadores, discusión de problemáticas emergentes y perspectivas diversas (es importante señalar que los ponentes son seleccionados por la Real Academia Española (RAE) y el Instituto Cervantes, no se trata de llamados abiertos a participaciones).

Con respecto a las actividades por fuera de las mesas generales (recitales, conciertos, cócteles, recepciones), estas estaban limitadas según el tipo de habilitación que tuviera el asistente (en mi caso, como público general, no me fue posible asistir a ninguno de los eventos específicos).

A lo largo del congreso se transparentó un conflicto entre la RAE y el Instituto Cervantes, especialmente entre sus directores, Santiago Muñoz Machado y Luis García Montero, que no vale la pena reproducir en este informe, pero que incluyó cruces públicos en la apertura del congreso y, en una instancia plenaria del Instituto Cervantes, la salida del anfiteatro de gente de la RAE. Dos instituciones que representan la lengua española (y el soft power de España) y colaboran en un congreso internacional manifiestan sus disputas institucionales con comportamientos que socavan la seriedad del evento.

La corrección

Panel 3.6: Traducción, corrección e inteligencia artificial

Coordina Francisco Herrera.

Participan Fernán Alayza, Nuria Bel y Miguel Rebollo Pedruelo. https://youtu.be/J8RNEok9ERI?si=Mp7swwtvhzKDGKXn&t=5272

La corrección, en este panel, no se aborda como tarea profesional (ortotipografía, estilo, revisión), sino como corrección de traducciones, labor subsidiaria de la traducción. Las dimensiones exploradas fueron: 1) corrección como verificación técnica tras traducción automática, 2) corrección como certificación legal y fe pública, 3) corrección como control humano crítico.

La primera dimensión está relacionada exclusivamente con el traductor, como revisor: pasa de ser traductor/corrector autónomo a ser un poseditor de máquinas (conste que la traducción asistida tiene ya décadas); identifica y enmienda errores en textos generados por IA; incluye corrección gramatical, sintáctica, semántica y de coherencia textual.

La segunda dimensión tiene que ver con lo que llamaríamos un trabajo de edición técnica, disciplinar, asociado a traducciones automatizadas. En este caso, no se vincula con nuestra labor directamente.

La tercera dimensión sí está vinculada con la misión de la AUCE: ejercicio de criterio contextual, cultural y ético que la IA no posee; supervisión consciente sobre sesgos, apropiación cultural, preservación de diversidad; pensamiento crítico aplicado a distinguir entre fluidez lingüística y precisión semántica.

Nuria Bel plantea que ChatGPT no es superior a sistemas anteriores de traducción automática (DeepL, Google Translate) y la publicidad ha creado expectativas infundadas, y que la corrección requiere conocimiento especializado de los fallos sistemáticos de la tecnología específica utilizada para traducir. La IA es una herramienta de productividad pero no sustituye al humano. La profesión (traducción) no desaparecerá pero debe tecnificarse.

Fernán Alayza plantea que la corrección en traducciones oficiales es indisociable de la responsabilidad legal personal. La IA es una herramienta útil, pero nunca puede sustituir la certificación humana.

Miguel Rebollo plantea que la IA está transformando radicalmente las prácticas de traducción y corrección, convirtiendo estas actividades en posedición, con consecuencias culturales profundas. Se transforma la función de traductor a corrector y se pierde acceso al texto fuente original. El académico señala varios problemas de los chatbots: correcciones que pierden el foco entre frases, inconsistencias a lo largo del documento (cambios de género, por ejemplo) y el peligro de considerar el texto del chatbot erróneamente como producto final en lugar de un primer borrador. La IA no es mala de por sí, si sabemos cuáles son sus defectos; es irreversible, pero aún es posible orientar su desarrollo.

El planteo de Francisco Herrera es interesante e integrador de modos de colaboración con las máquinas: entiende posible una cointeligencia, como colaboración en la que la IA acelera lo estandarizado y humanos interpretan, deciden y garantizan ética. Sería un camino hacia un «traductor aumentado» que mantiene la función crítica pero multiplica la productividad. De todos modos, hay problemas considerables, por ejemplo: ¿cómo potenciar la eficacia de la IA con el español y otras lenguas minoritarias con menos datos? (en contraste con el inglés y el francés).

Estos planteos aplican a la traducción, en la que hay un contraste permanente entre versiones, por lo que la revisión del material del chatbot contrastado con el original no es un trabajo adicional, sino parte ya del flujo de trabajo. En el caso de la corrección, implica una gran carga de trabajo adicional (como cuando se le encarga a un corrector revisar la corrección de otro corrector, labor que habitualmente es más compleja que realizar una corrección desde el documento original).

Panel 3.11: El proyecto Lengua Española e Inteligencia Artificial (LEIA)

Coordina Asunción Gómez-Pérez.

Participan Mar Alberto, Ulises Delgado Díaz, Carlos Merino, Olivia Piquero y Jordi Porta.

Este panel es considerablemente amplio, pero en una de sus dimensiones cubre específicamente iniciativas de corrección con IA, tema desarrollado por Jordi Porta.

El concepto de corrección manejado es formal, normativo, y el sistema se orienta para recibir un texto que está escrito con intención de que sea «español estándar». Se basa en textos «correctos» (entrecomillados por el propio Porta) como Wikipedia, documentos de la Organización de las Naciones Unidas y textos académicos.

Los errores son clasificados según sus efectos en el texto, no en su causa, y a través de esas clasificaciones se cruza información con las obras de la RAE: la ortografía, la gramática, el panhispánico de dudas y el libro de estilo.

La tipología identificó 80 cuestiones, de las que se abordaron aproximadamente 60 para el sistema de corrección automática. Y se excluyeron deliberadamente errores de estilo, cuestiones de «recomendación», variaciones dialectales y errores de reconocimiento óptico de caracteres o de transcripción de voz.

Porta explicita que el español es una lengua policéntrica que tiene una variación geográfica, incluso variación normativa, bastante amplia, pero que esto no se contempla en este aspecto de LEIA. También reconoce que existen variedades que tienen que ver con el registro, por lo que se podría categorizar una variedad como incorrección. Cuestiona hasta qué punto utilizar una forma verbal de voseo en un texto debería ser algo que se marque o no se marque.

Cuando se le preguntó si trabajaron con correctores editoriales, Porta respondió: «el estilo es una cosa que no creo que debamos entrar ahí». Pese a una repregunta, la postura no varió; no parece haber una noción de que pudiera ser necesario trabajar con especialistas en corrección, como algo separado de la academia normativa.

El discurso público del proyecto LEIA (Lengua Española e Inteligencia Artificial) es, explícitamente, «no quiero corregiros, quiero entenderos» y «preservar la unidad en la diversidad», pero su sistema de corrección ha sido entrenado con textos nivelados ortográficamente (es decir, con una «corrección» previa), filtrados léxicamente contra el diccionario, y las correcciones están orientadas al estándar formal (y la «variedad estándar»).

Porta reconoce sus limitaciones y sesgos hacia el estándar formal. No pretende cubrir toda la variación legítima del español y evita deliberadamente zonas grises (estilo, registro, dialectos).

La corrección editorial

Si bien se trata de un congreso de la lengua y no de uno de edición, como corrector profesional y miembro de la AUCE yo tenía la expectativa de que entre las decenas de mesas hubiera alguna discusión sobre conceptos editoriales modernos, sobre la corrección desde perspectivas más allá de lo normativo o sobre la complejidad del trabajo de corrección (como sí hubo con respecto a la traducción).

Pero los conceptos editoriales, incluso los que están más cerca de la lingüística aplicada (más que de la práctica profesional de la corrección), no estuvieron presentes en absoluto. Esto puede deberse a diversos factores, entre ellos una falta de capital social y presencia institucional de nuestra parte como colectivo profesional.

Parecería que lo que el CILE entiende por corrección es detección de errores formales, verificación gramatical, conformidad con el «español estándar» y control de aspectos normativizables. En cuanto a corrección queda excluido el registro apropiado al contexto, las variedades dialectales legítimas, la pragmática textual, la dimensión comunicativa, el estilo editorial, la adecuación al público destinatario. En este entorno no se reconoce, o al menos no se atiende, la complejidad real del trabajo de corrección profesional tal como se practica en el mundo editorial contemporáneo.

Sistema de becarios

Algo que me nutrió fue conocer el sistema de becarios que tienen varias academias de la lengua, que nosotros acá, hasta donde yo sabía, no teníamos. Luego me enteré de que sí los tenemos en la Academia Nacional de Letras, en lexicografía. Creo que este tipo de oportunidades debería difundirse entre los socios de la AUCE.

También escuché percepciones muy decepcionadas de algunos países, con personas que estaban de becarias y en realidad no tenían tareas que hacer.

Creo que se podría hablar con la Academia Nacional de Letras y explorar la posibilidad de ampliar o sistematizar este programa para crear oportunidades para correctores jóvenes.

Conclusión

Hubo una falta de acercamiento a los conceptos de corrección o editoriales en general, la RAE no reconoce la complejidad profesional del corrector.

Algunas mesas trataron el tema de la IA con rigor, aportando perspectivas interesantes sobre herramientas tecnológicas y sus implicaciones para el trabajo con la lengua.

Obtuve una imagen clara de la RAE y, especialmente, del Instituto Cervantes como herramientas de soft power movidas por agendas no académicas que expanden las posibilidades diplomáticas y comerciales de España.

También hubo participaciones muy interesantes en la dimensión lexicográfica, en la enseñanza del español como lengua extranjera y en el vínculo con otras lenguas (especialmente latinoamericanas), así como en apreciaciones históricas y literarias vinculadas con la lengua.

 

Reflexión

Este espacio tradicional académico es insuficiente para buscar discusiones y aportes acerca de la labor editorial. Este aprendizaje, si se traduce en acción, puede marcar un punto de inflexión para la AUCE: de asociación que responde a lo que existe, a asociación que construye lo que falta.

Es posible construir espacios profesionales latinoamericanos, horizontales, diversos, rigurosos y relevantes que no necesiten validación de instituciones tradicionales porque su legitimidad deriva de su calidad y de su capacidad de responder a necesidades reales de correctores profesionales contemporáneos.

Es importante destacar que hay eventos editoriales específicos en otros ámbitos (en el entorno ibérico, jornadas profesionales de ferias internacionales, congresos internacionales de corrección de textos en español) y que para construir debemos seguir explorando estos espacios.

Necesitamos tener una posición proactiva (crear lo que necesitamos), obtener socios como protagonistas de la construcción profesional y tener autonomía en la definición de marcos conceptuales e institucionales.

Publicado por RedACTE

La Red de Asociaciones de Correctores de Textos en Español (RedACTE) agrupa a las asociaciones de profesionales de Argentina, Colombia, Ecuador, España, Estados Unidos, México, Perú y Uruguay, así como representantes de Bolivia, Costa Rica, Guatemala, Honduras, Panamá y Venezuela. Sus objetivos son favorecer el intercambio académico y profesional, defender los intereses laborales de sus miembros, coordinar acciones culturales y formativas, compartir recursos y, en definitiva, enriquecer y fortalecer una profesión que tiene como denominador común la lengua española y las variantes de esta como su principal riqueza.

Un comentario en “X Congreso Internacional de la Lengua Española en Arequipa (X CILE) — 14 a 17 de octubre de 2025

  1. Muchísimas gracias, Felipe, por tu aportación sobre lo que significó para ti acudir al X CILE. No es la primera vez, y no creo que sea la última, que se detecta la ausencia de referencias a nuestra profesión, así como de representantes, en eventos de este tipo. Es una lástima, pero que eso no nos impida ver más lejos y perseverar en los objetivos de nuestras asociaciones de correctores, de RedACTE. Un cordial saludo. Amelia Padilla.

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