¿Qué tienen en común una sentencia judicial, un informe médico, una comunicación bancaria y un mensaje institucional? Aunque pertenecen a ámbitos muy diferentes, todos pueden presentar el mismo problema: ser difíciles de comprender, pese a estar correctamente escritos.
Esta cuestión atravesó el conversatorio «Construir claridad: la corrección y el lenguaje claro», organizado el 18 de julio por la Comisión de Lenguaje Claro y Accesible de la RedACTE. El encuentro reunió a profesionales de la corrección de textos de distintos países, con trayectorias vinculadas también al derecho, la traducción, la docencia, la comunicación y la accesibilidad.
La propuesta no fue ofrecer una introducción al lenguaje claro, sino abrir una conversación sobre las experiencias concretas de quienes trabajan con textos y han encontrado, en este campo en expansión, nuevas formas de ejercer y desarrollar su profesión.
María Eugenia Trujillo Ruiz: el lenguaje jurídico y el derecho a comprender
Desde Perú, María Eugenia Trujillo Ruiz (ASCOT) compartió un recorrido que comenzó en el ámbito jurídico y la llevó a investigar la relación entre el lenguaje de la justicia y la ciudadanía.
Su experiencia con las sentencias judiciales le permitió advertir que muchas de las dificultades de estos textos no eran solamente terminológicas. También estaban relacionadas con la sintaxis, la estructura, la organización de la información y las convenciones propias de la escritura jurídica.
A partir de su trabajo académico, planteó la necesidad de acercar la justicia a quienes deben comprender sus decisiones por medio de una redacción correcta y clara, y destacó la necesidad de que lingüistas, abogados y diseñadores formen parte de equipos dedicados a revisar y mejorar este tipo de documentos.
«El lenguaje claro para lograr el encuentro comunicativo entre la justicia y el ciudadano».
Esa idea, que también dio título a su trabajo de investigación, resume una de las preocupaciones centrales de su intervención: la comunicación entre los operadores jurídicos y los ciudadanos requiere de los primeros el uso del lenguaje claro y, de los segundos, una formación académica que incluya el conocimiento de las instituciones democráticas, por un lado, y cómo hablar y redactar con propiedad y claridad, por el otro. De esa manera, justicia y ciudadano podrían encontrarse en un punto medio.
Josefina Abelleyra: cuando corregir permite descubrir lo que ya parecía normal
Josefina Abelleyra (PLECA, Argentina) llegó a la corrección desde el derecho. Precisamente esa formación le permitió reconocer un fenómeno frecuente entre quienes trabajan durante mucho tiempo en un ámbito profesional: determinadas formas de escribir terminan pareciendo naturales, aunque dificulten la comprensión.
Su experiencia con textos jurídicos la llevó a trabajar en capacitación y asesoramiento para abogados y equipos legales. Durante el conversatorio relató distintos proyectos en los que la revisión de los textos se combinó con el trabajo de profesionales de otras áreas.
Uno de ellos estuvo relacionado con informes de una empresa constructora que generaban consultas y reclamos de los clientes. La intervención no consistió simplemente en «corregir» los documentos, sino en revisar su organización, jerarquía y presentación junto con abogados, diseñadores y profesionales de la comunicación.
En ese tipo de procesos, explicó, la empatía con quien recibe el documento resulta fundamental.
«Lo que yo había naturalizado como lenguaje jurídico, después, cuando empecé a estudiar sintaxis y gramática, me parecía que no se entendía».
Su experiencia mostró cómo la formación en corrección puede modificar incluso la mirada de quienes llevan años trabajando dentro de un campo especializado.
María Herrero Prado: corregir también es mediar
Desde España, María Herrero Prado (UniCo) abordó el lenguaje claro desde una trayectoria vinculada con la traducción, la interpretación, la corrección y la accesibilidad.
Su recorrido profesional la llevó a ampliar progresivamente la idea de lo que significa intervenir sobre un texto. La traducción le enseñó a mirar el significado y el contexto más allá de las palabras; la localización, a considerar las particularidades de cada destinatario; y el trabajo en accesibilidad, a entender que la posibilidad de comprender también está relacionada con la participación.
Por eso, propuso pensar la corrección como una forma de mediación entre el conocimiento y las personas que necesitan acceder a él.
«La corrección es una mediación entre el conocimiento y las personas».
Desde esa perspectiva, corregir supone preguntarse quién leerá el texto, qué conocimientos previos tendrá, qué información necesita encontrar y qué dificultades puede experimentar. También implica prestar atención a cuestiones que exceden la dimensión estrictamente lingüística: la estructura, la jerarquía visual, la tipografía y la carga cognitiva.
Gustavo Patiño: detectar la falta de claridad antes de que se convierta en un problema
Gustavo Patiño (Correcta, Colombia) aportó ejemplos provenientes de ámbitos muy diversos y mostró cómo la preocupación por la claridad puede surgir en situaciones aparentemente cotidianas.
Recordó, entre otros casos, una expresión utilizada en los cajeros automáticos —«afectar» una cuenta— que le llamó la atención por la distancia entre el lenguaje institucional y la forma en que las personas realmente comprenden la información.
También habló de textos médicos, comunicaciones bancarias, campañas de salud y mensajes dirigidos a integrantes de instituciones. En uno de sus ejemplos, un mensaje que podría haberse limitado a informar «no voy a asistir a la reunión» utilizaba una construcción mucho más compleja e innecesaria.
Su recorrido por proyectos vinculados con el lenguaje claro lo llevó incluso a plantear la necesidad de pensar nuevas especializaciones profesionales.
«Los correctores tenemos una sensibilidad especial para detectar esos problemas».
Para Patiño, esa capacidad de detectar obstáculos en la comunicación puede convertirse en un aporte específico dentro de equipos de trabajo y en un área de especialización para los profesionales de la corrección.
María del Pilar Cobo: la importancia de trabajar en equipo y validar
María del Pilar Cobo (Acorte, Ecuador) señaló que la claridad siempre estuvo presente en su práctica, aunque con el tiempo fue tomando mayor conciencia de las herramientas y posibilidades que ofrecía este campo.
Su experiencia en el trabajo con textos jurídicos, académicos e institucionales la llevó a destacar especialmente la necesidad de conformar equipos interdisciplinarios.
Compartió, entre otros ejemplos, un proyecto relacionado con el depósito legal de publicaciones, en el que un documento de carácter jurídico fue transformado en un material organizado mediante preguntas y respuestas, con una estructura más accesible y recursos visuales.
La transformación no fue producto del trabajo aislado de un corrector: requirió la colaboración entre profesionales de distintas disciplinas y, especialmente, la consideración de las personas destinatarias.
«Tenemos que trabajar en equipos interdisciplinarios».
Para Cobo, esa colaboración también supone una oportunidad para que los correctores amplíen sus competencias y encuentren nuevos espacios profesionales.
Natalia Faral: hacer de la escritura un acto consciente
Desde Uruguay, Natalia Faral (AUCE) compartió una trayectoria que comenzó en la docencia y continuó con la corrección y los estudios lingüísticos. Su experiencia en el Banco de Previsión Social la llevó a trabajar directamente con textos destinados a la ciudadanía y a incorporar progresivamente la perspectiva del lenguaje claro.
Recuperó una frase que había utilizado durante años en talleres de escritura: «hacer de la escritura un acto consciente». Para ella, esa premisa conecta de manera directa la corrección con el lenguaje claro.
También destacó tres capacidades que considera particularmente valiosas en el trabajo profesional: leer de manera atenta, mantener una relación saludable con la duda y saber dialogar con quienes producen los textos.
A partir de su experiencia con documentos institucionales y jurídicos, señaló que el corrector no necesita ser especialista en cada materia para aportar una mirada valiosa.
«La corrección es una especie de ingeniería del texto».
La metáfora resume una concepción de la profesión que va más allá de la detección de errores: analizar cómo está construido un texto, anticipar dificultades y proponer soluciones para que la comunicación funcione.
Una profesión que mira más allá del error
Las seis experiencias tuvieron recorridos diferentes, pero coincidieron en un punto: la claridad no depende únicamente de que un texto cumpla con las normas lingüísticas.
Un documento puede ser gramaticalmente correcto y seguir siendo confuso. Puede contener toda la información necesaria y, sin embargo, esconderla detrás de una estructura poco adecuada. Puede utilizar términos precisos para un especialista y resultar incomprensible para quien necesita esa información.
Por eso, hablar de lenguaje claro implica ampliar la mirada sobre la corrección. No se trata de reemplazar la precisión por la simplificación, sino de buscar formas de comunicación que permitan comprender, interpretar y utilizar la información sin obstáculos innecesarios.
También implica intervenir antes. Si la estructura de un documento presenta problemas, esperar hasta la última etapa para corregirlo puede limitar las posibilidades de mejora. La participación de los profesionales de la corrección desde las primeras fases de un proyecto permite plantear preguntas sobre los destinatarios, los objetivos, la organización de la información y las posibles barreras de comprensión.
El conversatorio mostró, así, un campo profesional que se encuentra en expansión y en el que muchas de las competencias tradicionales de la corrección adquieren nuevas dimensiones.
Leer con atención, detectar problemas, investigar, preguntar, dialogar con especialistas, pensar en quien recibe el texto y proponer soluciones son capacidades que ya forman parte del trabajo de muchos correctores.
El desafío ahora es hacerlas visibles y ponerlas en diálogo con otras disciplinas.
Porque, como dejaron ver las experiencias compartidas durante el encuentro, corregir no es solamente mirar las palabras que están sobre la página. También es preguntarse qué sucede cuando esas palabras llegan a alguien.
Y construir claridad empieza, precisamente, por hacerse esa pregunta.
* Comisión de Lenguaje Claro y Accesible.
