Palabras y estilo

Por Fabiola Díaz Guevara (Acorte Ecuador) 🇪🇨

Nuestro nivel de conocimiento lingüístico juega un papel muy importante al momento de enfrentarnos a textos de diversas temáticas y de modalidades específicas como obras académicas, científicas, ensayos argumentativos, novelas de ficción, poesía, drama y todo el abanico de géneros literarios.

En esta variedad de lecturas, nos podemos engarzar en complicados y alambicados párrafos que no nos invitan a continuar, por cuanto se transforman en imposibles laberintos; sin embargo, si algún momento caminamos entre senderos de letras flexibles y nos formamos imágenes conceptuales transparentes y claras, desearemos llegar lo más pronto a la cumbre, a la línea final, a la resolución del conflicto.

Quien maneja adecuadamente la palabra, puede crear mundos a través de ella y disfrutar todo el espacio que aquella le proporciona. Silenciosa y delicadamente, existen profesionales que cumplen el objetivo de la Real Academia de la Lengua: “Limpiar, fijar y dar esplendor” a nuestro idioma: los correctores de texto.

En Ecuador, ACORTE (Asociación de Correctores de Texto), desde el 2011 ha ido fortaleciendo su labor; su Primer Congreso Nacional tuvo lugar del 11 al 14 de junio. Desde el 2020, este grupo de profesionales forma parte de REDACTE (Red de Asociaciones de Correctores de Texto en Español) y su acción es imparable.

Ecuador será sede del 7CICTE o Séptimo Congreso Internacional de Correctores de Textos, del 21 al 23 de noviembre. La Universidad Andina Simón Bolívar auspiciará el evento y brindará cursos precongreso en su prestigiosa institución. El tema central del Congreso será Inteligencia Artificial y su inevitable intersección con el uso claro del idioma español en textos escritos.

Nos encontraremos con invitados de países de toda América y España: no dejaremos de aprender sobre lo extraordinario del lenguaje y la magia de la creatividad lingüística. La lectura siempre es una ventana abierta al mundo que nos rodea y si aquella está transparente, se apreciará con deleite el arte único e invaluable que crean las palabras precisas.

* Escritora- Investigadora (fabioladiazg@gmail.com).

Sobre la Academia Boliviana de Literatura Infantil y Juvenil

Por Claudia Dorado Sánchez 🇧🇴

La Academia Boliviana de Literatura Infantil y Juvenil es una institución autónoma, sin fines de lucro, dedicada a investigar la producción literaria boliviana destinada a ese público, a promover la crítica literaria especializada y a resguardar el material literario infanto-juvenil, entre otros propósitos.

Sus fundadoras, las reconocidas autoras bolivianas Isabel Mesa Gisbert, Jeanette Medrano, Liliana De la Quintana, Rosalba Guzmán y Verónica Linares, emprendieron ese compromiso con el aval y el impulso de la Academia Latinoamericana de Literatura Infantil y Juvenil, presidida en 2006 por Sylvia Puentes de Oyenard (Uruguay).

La literatura infantil y juvenil, sin duda alguna, abre portales de formación, creación, invención, construcción/deconstrucción, memoria, imaginación, descubrimiento, comunicación, expresión, ingenio, intercambio, interconexión, libertad, trascendencia y evolución. Preservar la producción literaria para niñas, niños y jóvenes, y, al mismo tiempo, motivar la lectura desde edades tempranas es pensar en próximas generaciones curiosas, creativas y creadoras.

Ilustración a témpera de Paola Guardia para “El vuelo del murciélago Barba de Pétalo”, novela corta de Carlos Vera Vargas (2009) incluida en Antología de literatura infantil y juvenil de Bolivia (Biblioteca del Bicentenario de Bolivia, 2017, tercera edición).

Ilustración a témpera de Paola Guardia para “Comiendo estrellas”, cuento de Gigia Talarico (1987) incluido en Antología de literatura infantil y juvenil de Bolivia (Biblioteca del Bicentenario de Bolivia, 2017, tercera edición).

Ilustración en acuarela de Romanet Zárate para “La abuela grillo”, cuento de Liliana De la Quintana (2000) incluido en Antología de literatura infantil y juvenil de Bolivia (Biblioteca del Bicentenario de Bolivia, 2017, tercera edición).

No aclares que (me) oscureces

Por María del Carmen Sala Rey (Ascot Perú)

Se le acerca con pasos cortos y apuraditos, y la saluda con melosa cortesía. Estimada señorita, estoy aquí para hacer de su conocimiento que existe el riesgo de que pierda la titularidad de su propiedad, en virtud de que su poseedor, imbuido de animus domini, ha interpuesto una demanda de usucapión a efectos de que la posesión pueda investirse formalmente como propiedad y consiga así una titulación supletoria. En aras de lograr un auto favorable, se deberá enfrentar audiencias, valorar deposiciones y presentar recursos de casación, todo lo cual exige una intervención especializada que podría prolongarse a lo largo de varios años, por lo que pongo a su consideración mi ofrecimiento de representarla a cambio de una suma, que será menor si la abona por adelantado.

Intimidada por las cifras, ella rechaza la oferta y busca información en internet. La usucapión es la prescripción adquisitiva de dominio y, según el Código Civil, en el Perú se puede usucapir por prescripción larga o por prescripción corta…

En vez de enfrascarse en la lectura de leyes y sentencias, decide acercarse personalmente a la institución donde está registrado el pequeño departamento que alquila. Ahí, tras una larga cola, escucha que la usucapión constituye una consecuencia necesaria de la protección dispensada a la posesión, que normalmente se sacrifica ante la propiedad u otro derecho real, de ahí que se considere un derecho real provisional y si, de una parte, la propiedad o el derecho real de que se trate se alían con el abandono y, en cambio, la posesión se alía con el tiempo y la gestión de los bienes, termina triunfando la posesión, que genera un característico y definitivo derecho real.

Mientras su alarma va en aumento, empieza a palparse los bolsillos y a escarbar la cartera buscando la tarjeta de su futuro defensor, dispuesta a pagarle por adelantado el año entero, sin saber que la demanda no prosperará al existir un contrato de arrendamiento.

La experiencia narrada se asemeja a lo que muchos ciudadanos padecen por no comprender trámites o procesos: se sienten perdidos en un laberinto, son víctimas de estafas, no acceden a servicios o beneficios, desconocen sus obligaciones y la manera de cumplirlas. Frente a esta situación, crece en el mundo un movimiento a favor del uso de un lenguaje claro, especialmente en los ámbitos de la jurisprudencia y la administración pública. Su principal fundamento es el derecho a entender, cuyo ejercicio es imprescindible para el fortalecimiento de las capacidades de los ciudadanos y de la confianza que ellos depositan en las instituciones.

Siendo tan necesario e importante, ¿alguien se puede oponer al lenguaje claro? Lamentablemente, sí. Existe una natural resistencia al cambio, a modificar lo que se ha aprendido a hacer de determinada manera. Algunos no saben cómo adoptar ese estilo de redacción, pero aceptarían la intervención de correctores de estilo para lograr, con ellos, que sus mensajes sean fácilmente comprendidos por un público no especializado. No faltará, sin embargo, un grupo contrario a cualquier tipo de clarificación. Acaso porque su imagen y su prestigio se han construido a punta de mensajes enredados, crípticos, farragosos, disparados hacia lectores y oyentes que desconocen esos términos devenidos en munición lingüística. “No le entendí nada, pero se nota que sabe” es una frase que premia el discurso rimbombante, el alarde de erudición de un emisor más interesado en impresionar que en ser comprendido.

También hay vacíos y ambigüedades en documentos —como contratos, convocatorias o pronunciamientos— que no son reflejo de la frágil pericia de sus autores, sino del interés en dejar un resquicio por donde operen una disimulada arbitrariedad o un elegante lavado de manos. El lenguaje claro genera rechazo en estos casos y en el descrito al inicio de la nota. Quien siembra el temor en su cliente-víctima se opondrá a que se trasmita información de manera sencilla, pues esto pondría en riesgo su modelo de negocio. El presunto salvador seguirá ofreciendo sus servicios mientras no se extienda el lenguaje claro porque es ahora, en la oscuridad, donde él brilla.

La producción de textos oficiales en entidades públicas

Por Nidia Ivonne Sánchez Guerrero (Ascot Perú)

Uno de los episodios que enfrentan las y los profesionales de la corrección al momento de vincularse con una entidad pública es, por un lado, la comprensión de las normas y directivas que rigen en estas instituciones con respecto a la producción de manuscritos, y, por otro, el abordaje de los usos informales que los equipos técnicos de algunas gestiones gubernamentales realizan sobre la escritura, el discurso o la corrección de los textos en la práctica cotidiana, que no figuran en las normas o directivas, pero que se ejecutan con cierta regularidad, tales como el uso excesivo de mayúsculas o la reiteración innecesaria de ideas, por ejemplo.

En este sentido, en la última década ha sido muy destacada la producción de guías, manuales y la aplicación de metodologías, promovidas por las entidades públicas de los diversos niveles de gobierno, para establecer reglas que se relacionan con la redacción de publicaciones y pautas para la producción de documentos, lo cual resulta significativo y útil en el ejercicio de la corrección de textos del Estado. En especial, esto ha sido abordado con el uso oficial del lenguaje inclusivo en el Perú y, en mucho menor medida, con la aplicación de lo que denominan lenguaje ciudadano, cuyos elementos se encuentran más vinculados al uso del lenguaje claro.

El surgimiento del lenguaje inclusivo responde a la necesidad de visibilizar y reconocer la diversidad de género, así como de promover la igualdad y el respeto hacia todas las personas. Implica utilizar un lenguaje que no reproduzca estereotipos ni excluya a ningún grupo social. Por otro lado, el lenguaje claro se refiere a la utilización de un estilo de redacción sencillo, directo y comprensible para cualquier lector/a, evitando jergas, tecnicismos innecesarios y estructuras complejas. Este enfoque busca garantizar que la información sea accesible para todas las personas, con independencia de su nivel educativo o cultural.

El lenguaje inclusivo y el lenguaje claro son dos enfoques sustanciales para tener en cuenta en la producción de textos oficiales en entidades públicas, cuya integración, sin embargo, no se ha discutido lo suficiente en Perú. Es fundamental integrar ambos enfoques para lograr una comunicación efectiva y respetuosa con la ciudadanía.

Al integrar el lenguaje inclusivo y el lenguaje claro en la producción de textos, las entidades públicas en el Perú pueden mejorar significativamente la calidad de su comunicación, promoviendo la transparencia, la igualdad y el respeto hacia la diversidad. Es necesario que los manuales y guías de producción de documentos oficiales incorporen o actualicen estos lineamientos para satisfacer las demandas de una ciudadanía cada vez más exigente en términos de claridad y efectividad comunicativa.

La actualización de manuales y guías producidas por entidades públicas deben promover la integración de ambos enfoques, fomentando la inclusión y la claridad en cada documento. A su vez, quienes ejercen la corrección de textos, los equipos técnicos y especialistas de las entidades públicas con quienes interlocutan tienen un desafío en este proceso, ya que deben asegurar que los textos sean tanto inclusivos como claros.

Al analizar, discutir e integrar ambas propuestas en la producción de textos oficiales, las entidades públicas no solo promoverán la transparencia y la igualdad, sino que también fortalecerán la relación entre el Estado y la sociedad.

A su vez, es necesario que dichos manuales se enriquezcan con los nuevos abordajes que han surgido en Latinoamérica y Europa sobre la atención de calidad en los servicios que se ofrecen a la ciudadanía, en la importancia de no disociar el lenguaje impreso del lenguaje visual o del lenguaje icónico, en favorecer la comprensión y claridad tanto para usuarios expertos como nuevos en la materia, en crear mecanismos de respuesta a la alta resistencia de algunos sectores estatales en la simplificación de contenidos, y también en responder a la demanda cada vez más creciente de la ciudadanía de sentirse escuchada, de exigir una comunicación clara que, sin rebajar el nivel comunicacional, permita que sea atendida de manera efectiva en las diversas necesidades por las que acude a los servicios públicos.

Es crucial incorporar enfoques innovadores y hacer hincapié en el desarrollo de una comunicación clara y efectiva en las comunicaciones oficiales. Esto implica que las y los profesionales de la corrección observen cómo operan las prácticas informales que pueden estar presentes al momento de intervenir un texto, y que deben ser corregidas para evitar una mala práctica.

Las jarcias de mi corrección de estilo editorial

Por Gabriela A. Morales (PEAC)*

En el ambiente náutico se acostumbran dos tipos de jarcias: las fijas y las móviles. Las primeras son las que, junto con alambres y aparejos, mantienen en su lugar a los mástiles de una embarcación (arboladura); por más maniobras que se hagan con ellas, nunca se mueven. A diferencia de las segundas, ya que con ellas se maniobran las velas de los barcos.

Sea cuales sean, las jarcias se caracterizan por ser un hilo continuo; un hilo que no puede romperse porque, si por cualquier circunstancia llegara a reventarse, provocaría daños catastróficos: en el barco, en la tripulación e incluso en la conducción de la ruta marítima.

En su tesis de grado, el maestro en diseño y producción editorial, Jesús Eduardo García (2013), resalta la importancia de la concentración del corrector de estilo frente al texto. Para ello toma como recurso metafórico el siguiente fragmento de la novela de Goethe Las afinidades electivas:

Oímos hablar de una disposición particular de la marina inglesa. Todas las jarcias de la flota real, desde la más fuerte a la más fina, están trenzadas de tal manera que un hilo rojo las atraviesa en su totalidad, de modo que no se pueden extraer sin deshacerlo todo, y con lo que hasta los más insignificantes fragmentos se reconocen como pertenecientes a la corona (2013, p. 35).

El hilo rojo, entonces, es la figura retórica que utiliza Jesús Eduardo García para enfatizar la importancia de que el corrector no pierda de vista la noción del texto: tanto el núcleo del tema que trata como la expresión que le da sentido.

Mantener la atención en el hilo rojo nos permite sostener la dirección de la obra y, al mismo tiempo, nos reta a mantener la concentración en el trabajo. Es así como nos encontramos ante la complejidad de mantener sujetas ambas jarcias.

Por un lado, el hilo rojo de la jarcia que horada al texto, y por el otro, la que permite sumergirnos en aquel lugar latente donde vaciamos nuestro tiempo.

Quienes nos dedicamos a la corrección profesional de estilo editorial hemos tenido que aprender a luchar contracorriente para mantener las jarcias fijas que llevarán las arboladuras del texto a buen puerto, y al mismo tiempo, entrelazarlas con las que cada corrector tiene como forma de sustraerse por momentos al caos de la vida.

Cerrarse al exterior para entretejer las jarcias requiere de preparación, vislumbrar umbrales de calma o, posiblemente, de rituales para el esplendor que el Goliat del caos le roba al David del corrector. Ante la vorágine de la vida, no queda más que cuidar nuestras jarcias al momento de corregir.

* Gabriela A. Morales es miembro de la Asociación Mexicana de Profesionales de la Edición (PEAC) y doctorante en Estudios Críticos de Género por la Universidad Iberoamericana.

Referencias
Diccionario Náutico (s. f.). Jarcia. Recuperado el 1 de marzo de 2024, de https://diccionario-nautico.com.ar/jarcia/
García. C (2013). La profesionalización del corrector de estilo: un enfoque desde el aula universitaria (Tesis de Maestría, Universidad Autónoma Metropolitana Xochimilco). UAM Xochimilco Repositorio. https://repositorio.xoc.uam.mx/jspui/handle/123456789/22768

“Sidieguismo” y “Sipaolismo”: una precisión importante

Por Gildo Valero Vega (Ascot Perú)

En las últimas semanas, la creación de un término ha acercado lingüísticamente a las ya hermanadas naciones de Argentina y Perú. Se trata de sipaolismo, vocablo futbolístico formado por analogía con sidieguismo. Pero ¿de qué tratan estos términos o qué podemos decir sobre ellos? Veamos a continuación.

Diego Armando Maradona, el astro del fútbol argentino y mundial… En este punto, debo declararme lo totalmente opuesto al fanatismo deportivo; es más, de fútbol sé poco o nada. Lo que me mueve es el interés léxico. Íbamos diciendo: Maradona destacó como figura deportiva y su éxito se replicó, aparentemente, en sus distintas esferas sociales. Parece que a tal punto que su palabra era ley (o poco menos) y que nadie se atrevía a contradecirlo; la mamá inclusive, como declararon sus hermanas a Luis Novaresio en el programa televisivo Debo decir. Esta complacencia con el Diez dio origen al «síndrome» social denominado sidieguismo.

Este término fue acuñado por Aldo Proietto, exdirector del diario deportivo argentino El Gráfico. La formación es sencilla: sí + Diego + –ismo. Es lo que entenderíamos en la clasificación habitual como un caso de parasíntesis: composición y derivación simultáneas (dos raíces justifican la primera y un afijo, la segunda). Destaca la pérdida del acento del adverbio, muy marcado en su calidad de monosílabo tónico sujeto a la tildación (o atildamiento, como prefiere el Diccionario de la lengua española) diacrítica. Aunque quizá no destaque tanto, habida cuenta de la preferencia del español por los acentos finales (agudas y graves), incluso en formas compuestas. Verbigracia: balón pierde su acento cuando forma el compuesto que da nombre al deporte que nos concierne: balompié (fútbol).

Si bien Proietto fue diligente en la forja del término, considero que no lo fue tanto en la precisión de su uso. Alguien podría alegar que, tratándose de un neologismo, es poco lo que se puede prescribir en cuanto a su modo de empleo. Discrepo. «Pobre Maradona. Endiosado, … contrajo una enfermedad compleja contagiada por su entorno: padece “sidieguismo”», señalaba el periodista. ¿Cómo Diego podría decirle «sí» a Diego?, me pregunto. Sin respuesta, compruebo que, para bien o para mal, la analogía morfológica y semántica echó raíces en tierras (o canchas) peruanas. El periodista peruano Pedro Ortiz Bisso señala en la revista Sudor (11/9/22): «Si Maradona sufría de “sidieguismo”, el mal que aqueja a [Jefferson ‘Jeffry’] Farfán podríamos bautizarlo benévolamente como “sijeffrysmo”». El hecho está consumado. 

Recientemente, a propósito de las idas y venidas en la contratación de Paolo Guerrero (capitán y máximo goleador de la selección peruana) en un nuevo club deportivo, salió a relucir la excesiva complacencia que le deparaban no solo hinchas, sino también sus futuros empleadores y líderes políticos. Ha nacido el sipaolismo y de él da cuenta también Ortiz Bisso (El Comercio, 18/2/24).

Sobre estos términos, vale precisar que no definen un «síndrome» que afecte directamente a los astros deportivos, al menos no directamente. Esta condición «afecta» a sus seguidores, quienes, víctimas de un embelesamiento, solo saben de acatar pedidos, de decir «sí, señor» (o chicheñó, como cómicamente documentara el tradicionista peruano Ricardo Palma en referencia a personas incapaces de negarse a cualquier petición). Como se ve, los futbolistas no padecen esta condición; antes bien, sacan ventaja o se benefician de ella.

Para cerrar, anotaré que esta formación no es exclusiva del ámbito deportivo, si bien en este es muy productiva. En la política argentina se documenta con anterioridad la forma análoga sirraulismo, en referencia al expresidente Raúl Alfonsín. Posteriormente y con el mismo cuño, se han formado sicarlismo, sicristinismo y sialbertismo, referidos a los expresidentes Carlos Menem, Cristina Fernández y Alberto Fernández, respectivamente. Llama la atención (ahora sí notablemente) que todos estos términos, tanto los referidos a políticos como los relativos a deportistas, tienen base en los nombres de pila y no en los apellidos, como podría ser esperable, al menos en espacios formales.

Los si-…-ismos, a diferencia de sus «víctimas», tenían mucho más que decir que solo «sí».

El lado humano de la corrección

Por Sofía Rodríguez (Ascot Perú)

Infinidad de veces, al leer lo que solíamos llamar tarjeta de presentación, muchas personas me preguntaban cuál era mi trabajo, incluso querían saber qué vendía. Por suerte, esos cartoncitos dejaron de usarse; digo suerte porque eran tan pequeños que no cabía mucha información. En mis inicios, varias librerías de mi ciudad me permitieron dejar mis tarjetas en algún lugar visible del local; por ese medio, conocí a varios de mis buenos clientes e incluso cultivé amistades que hoy perduran. Pero eran otros tiempos, ya no hay que ir repartiendo tarjetas o folletería. Hoy la corrección se ha posicionado y el desarrollo tecnológico ha sido y es un aliado.

Más visibles que hace 13 años

Desde el Primer Congreso Internacional de Correctores de Textos en Español, en 2011, se viene reafirmando que la corrección es un oficio que ejercen los seres de carne y hueso, no las máquinas. Con los años, la corrección ha seguido fortaleciéndose, así como su relación con la tecnología, pero sin dejar de enfocarse en el lector. En los últimos 13 años, se viene escribiendo lo que yo llamo la historia reciente de la corrección.

Nuestra profesión es cada vez más visible gracias a los nuevos medios de información. Prácticamente hoy se difunde en qué consiste en todas las plataformas; y cada vez más correctoras y correctores promocionan su trabajo, o construyen su imagen personal por las llamadas redes sociales; otros difunden conocimientos o usan esas vitrinas para buscar trabajo. Están también las asociaciones de correctores que integran la RedACTE, unidas para promover la corrección como una etapa imprescindible en los procesos de producción editoriales y no editoriales. Y, entre sus muchas actividades, capacitan por medios virtuales y crean espacios para el crecimiento profesional de sus asociados.

En este tiempo transcurrido, la corrección ha crecido junto con la tecnología; por ello han cambiado los modos de corregir. Todo esto ha motivado que se abra a otros campos distintos al mundo del libro, y quienes ejercemos la corrección como oficio nos venimos adecuando a los nuevos escenarios. ¿Eso nos estará haciendo olvidar el lado humano de la corrección?

Ante todo un servicio

La corrección es un trabajo orientado a satisfacer una necesidad. Y aunque la terminología para denominarla se haya ampliado —se habla de asesoría lingüística, de control de calidad— la corrección se mantiene como una labor especializada cuyo fin es que un texto llegue a su destinatario bien escrito; los formatos han cambiado, indudablemente, porque el mundo no es el mismo que hace unos pocos años.

Como se dijo, la corrección la asumen seres humanos, todavía, porque hasta donde se sabe las IA generativas producen textos realistas, “detectan” errores, aunque no tienen capacidad de discernir o de tomar decisiones. Más bien, como afirma Valeria Colella: “[…] nuestra intervención puede aportar la intuición humana para asegurar que los textos generados [por la IA] sean coherentes y parezcan auténticos”.[1]

Si es verdad que ninguna IA puede corregir como los seres humanos, por qué la corrección deviene en una labor mecánica (asumo un trabajo-reviso el texto-presto el servicio-cobro); por qué trabajamos —me incluyo— de manera robotizada, impersonal. No es que falte compromiso, sino que el trajín del día a día nos hace obviar el lado humano de esta profesión.

Si por la vida agitada olvidamos que la corrección es ante todo un servicio, tomemos aire y pensemos: ¿Si yo fuera un cliente, volvería a contratar a quien me prestó un buen servicio, pero no fue amable? ¿Pasaría por alto que no respondiera mis mensajes? ¿Aceptaría que nunca tuviera tiempo para atenderme?

Con los años, he aprendido que siempre hay que crear un espacio y un tiempo para conversar con quien nos contrata, porque es una persona, aunque represente a una institución. Si interactuar cara a cara es cada vez más difícil, al menos dediquemos tiempo para una videollamada. Preguntemos qué espera de nosotros y prestemos atención a sus dudas y consultas. Nada como la interacción humana, así sea a la distancia.


[1] Colella, V. (2023). Inteligencia artificial y corrección profesional de textos: una alianza ¿inesperada? Repleca. La Revista de Profesionales de la Lengua Correcta de Argentina, 1(1), 49-58. https://repleca.pleca.org.ar/

A doce años del primer CICTE

Por Ana Lilia Arias*

Septiembre es el mes más importante en México y otros países de América latina, después de las fiestas decembrinas. Quién sabe qué habrá pasado en 1810 con los astros, pero nada menos en este mes siete países declararon su independencia de España: México, Guatemala, Nicaragua, Costa Rica, El Salvador, Honduras y Chile.

Sin saberlo, las y los correctores empezamos dos siglos después a declararle la guerra al silencio, la invisibilidad, la soledad y la culpa en la que históricamente nos mantuvimos. La lucha por sostenernos en un principio fue aislada; las condiciones tampoco nos permitían socializar.

Fue hasta que con el internet la comunicación global empezó a cambiarnos. En 2006 nos enteramos que, en Argentina, la doctora Zorrilla había propuesto celebrar el Día del Corrector en el natalicio del humanista holandés del Renacimiento Desiderio Erasmo de Rotterdam.

Entusiasmados por la iniciativa, en PEAC esperamos al año siguiente para respaldar por primera vez la idea y, desde entonces, no hemos dejado de celebrarlo ni una sola vez. Se lo hicimos saber a la doctora Zorrilla y su respuesta es memorable:

¡Muchísimas gracias por unirse a nosotros en la celebración del Día del Corrector! Ya no nos sentimos tan solos. Sería magnífico intercambiar experiencias, trabajar juntos. Esperamos sus propuestas.

¡Solos! ¡Se sentían solos! Igual que nosotros, seguramente igual que otros correctores en otras partes del mundo con todo y que en junio de 2005 las catalanas Silvia Senz y Monserrat Alberte habían promovido ampliamente el Manifiesto de los correctores de español. Poco después se fundaría en España la Unión de Correctores, impulsada entonces por Antonio Martín, a quien contactamos días antes del segundo festejo del Día del Corrector en México.

En 2009 propusimos agregarle el adjetivo «Internacional» al Día del Corrector y optamos por destacar la actividad en vez de la persona; de ahí que desde entonces haya dos nomenclaturas: día del corrector y día de la corrección. Los complementos vinieron después y con ello la discusión eterna que si de textos o si de estilo. Polémica que quién sabe cuándo superemos.

Pronto la luz llegó a nuestra profesión para ya no apagarse. En un par de viajes que Antonio hizo a México nos encontramos e intercambiamos coincidencias; en mayo de 2010 viajó a Buenos Aires y se entrevistó con la doctora Zorrilla. Al salir del encuentro, completamente emocionado, Antonio Martín me habló por teléfono para contarme lo acordado y al día siguiente lo confirmaría con un mensaje electrónico:

La reunión con Alicia fue un éxito: fue la cosecha de lo sembrado en México y España. Si, como te comenté, ya teníamos presente la idea de colaboración entre asociaciones, en Buenos Aires solo quedaba contar con la confirmación de Litterae y la Casa del Corrector.
Y una vez conseguido, solo quedaba dejar rienda suelta a la sinergia. La idea de un congreso es la primera que saltó, pero la idea de hacerlo en Buenos Aires, ¡y el próximo año!, surgió de ellas, con gran valentía, tengo que añadir.

Alicia Zorrilla, por su parte, también me escribió:

Hoy he tenido una interesante reunión con Antonio Martín, de UniCo. Tratamos los siguientes temas:

Creación de la Asociación Internacional de Correctores en Lengua Española (Argentina, España, México y el Perú), Firma de un convenio marco, Apoyo interinstitucional para dignificar la profesión de corrector, Organización de actividades conjuntas, tales como los festejos del Día del Corrector, Organización del I Congreso Internacional de Correctores en Lengua Española, con sede en Buenos Aires, para el 27 de octubre de 2011, Vínculos con otras asociaciones, Creación del blog de la Asociación.

Así comenzó la gestación del primer Congreso Internacional de Correctores de Texto. No fue el 27 de octubre, como había sido el deseo de Zorrilla, sino del 14 al 16 de septiembre, en el Aula Magna de la Facultad de Derecho, de la Universidad de Buenos Aires; que, por cierto, por aquellos días vivía una efervescencia estudiantil muy nutrida.

El entusiasmo por ya no sentirnos más solos se reflejó con una asistencia de 416 correctores provenientes de Argentina (315), Uruguay (39), México (24), Perú (15), Colombia (10), Venezuela (4), El Salvador (4), Chile (3), Brasil (2), España (1) y Estados Unidos (1).

Cuando Antonio Martín se comunicó conmigo después de su primera entrevista con Alicia Zorrilla, mi respuesta inmediata fue: «En México hacemos el segundo congreso»; así de simple fue la definición de los siguientes dos congresos: el segundo en México y el tercero en España.

El próximo año tendremos ya el séptimo congreso internacional de correctores y nuestra historia ha cambiado en muchos sentidos: algunos para bien, otros no tanto y otros más en nuestro propio perjuicio; pero esa ya es otra historia.


* Ana Lilia Arias es presidenta fundadora de la Asociación Mexicana de Profesionales de la Edición (PEAC), fundada en 1993 e integrante del grupo de RedACTE.

Hablemos de corrección en tiempos de correctología

Por Sofía Rodríguez (Ascot Perú)

Llegará el día en el que los lectores devuelvan los libros, manuales u otros productos que compraron debido a sus errores y erratas. Para que eso no ocurra, necesariamente se debe duplicar el esfuerzo por entregar productos impecables, bien escritos, bien corregidos, traducidos de modo coherente y de altísima calidad gráfica.

En tiempos pospandémicos, en un escenario en el que las nuevas generaciones viven fascinadas por las herramientas digitales y lo audiovisual, el crecimiento de la industria editorial se da paralelamente al desarrollo tecnológico. Con todo esto, todavía se requiere hablar de la corrección de textos, aunque a muchas personas pueda parecerles extraño, pero no a los correctores y correctoras de oficio.

La corrección de textos es una labor milenaria y ha estado presente en la producción escrita desde antes de que se descubriera la imprenta. Con los años, no ha perdido su esencia, al contrario. Hoy se posiciona como una disciplina académica cuya producción bibliográfica, en los últimos lustros, se ha fortalecido, máxime desde que Nuria Gómez Belart acuñó en su tesis doctoral el término correctología (Gómez Belart, 2019).

Como se hizo ayer, los correctores profesionales garantizan hoy la calidad de los textos; y, según afirman Sharpe y Gunther (2005), sobre estos recae gran responsabilidad: hacen «el trabajo más pesado dentro del equipo editorial» (Sharpe y Gunther, 2005, p. 8). Sin embargo, esta responsabilidad la deben asumir con preparación previa, con estudios, disciplina, metodología de trabajo; no basta el conocimiento de la normativa para ejercer esta profesión.

En cuanto a la formación académica, parafraseando a Nuria Gómez (2020), el corrector tiene la ventaja de que siempre será estudiante, pero esta también es una desventaja; es decir no será especialista nunca porque el conocimiento lingüístico evoluciona y, por ello, todo el tiempo se está formando y especializando (Gómez Belart, 2020). En ese camino, debe ir capitalizando todo lo que aprendió.

Nuevos tiempos para la corrección

La corrección, «la verdadera, la que requiere soledad, concentración, muchos conocimientos, mucho esfuerzo, voluntad sin límites y una vasta cultura» (Zorrilla, 2015, p. 148), no ha cambiado en esencia. Han cambiado los formatos y las herramientas, pero sigue siendo una parte de la cadena editorial.

Atrás quedaron las épocas en las que se creía que la corrección consistía solamente en el control de la calidad del texto en cuanto a su presentación (básicamente ortografía). Se sabe que en los textos escritos se pueden presentar erratas y varios tipos de errores: gramaticales, semánticos, ortotipográficos, normativos, etc., incluso las más de veces se requiere reestructurar la redacción.

En estos tiempos, cuando se pone en valor la correctología, entendida como la disciplina que estudia los procesos de corrección, el profesional de la corrección es más que un nexo entre el autor y el lector:

[…] tiene que interpretar el papel de lector y verificar si los términos son claros, si el léxico es inadecuado, si el discurso es confuso o si se brinda la información necesaria para comprender el contenido, de acuerdo con la enciclopedia (los saberes previos) del público al que se dirige ese texto (Gómez Belart, 2021, p. 17).

En suma, quien corrige en el siglo XXI se encarga de cuidar la calidad lingüística de las publicaciones, pero también aporta al texto; por lo cual, se le exige preparación, conocimientos e innumerables destrezas.

Cuidado con esto

La corrección implica asumir que no se sabe todo y que no se puede resolver todo. Si bien, existen muchísimos buscadores y gestores bibliográficos en los que apoyarse para corroborar un dato o una afirmación, no es tarea del corrector dedicarse a la búsqueda (lo puede hacer; sí, por supuesto). En cambio, sí es pertinente que observe y que analice, y que dude de la certeza de aquello que está leyendo. Dudar es uno de los pilares de la corrección y se hace de modo permanente:

La duda sirve para aplacar nuestra soberbia: cuanto más dudes hoy, menos dudarás mañana. Pero eso no significa que no debas seguir dudando de las palabras, frases y párrafos que corriges, aunque hayas entregado diez, veinte o treinta años a la profesión (Martín, 2019, p. 23).   

Dudar sí, pero no ir más allá. Varios autores, como el recordado Roberto Zavala (2012), insisten en que no es obligación de quien corrige resolver enredos lingüísticos y líos gramaticales. Recomiendan la consulta obligatoria a autores y editores:

Esclarecer párrafos oscuros, en cambio, implica tareas diversas y complejas. La primera de ellas consiste en puntuar adecuadamente el escrito, sin olvidar que ha de buscarse la corrección, pero de ninguna manera ajustar a nuestro estilo el del autor. […] Toda duda sobre el sentido debe resolverse con el autor, lo mismo que fechas, nombres y, en general, datos imprecisos o dudosos (Zavala, 2012, p. 278).

En la etapa de la corrección se exige una comunicación clara entre los actores editoriales; siempre debe dejarse anotaciones y advertencias sobre cualquier problema para que sea resuelto. Si un editor permite que el corrector dé solución a aquello que no le compete, no podrá luego increparle por fallas o descuidos producto de la llamada multitarea.   

Experiencia vs. formación

La experiencia de un profesional de la corrección garantiza su trabajo, mas no la calidad, pues puede darse el caso de alguien que cuente con muchos años de trabajo, pero sin metodología; o de una persona minuciosa y que, sin embargo, no sea capaz de resolver problemas. De otro lado, existen profesionales con poca experiencia, aunque muy exhaustivos.

Básicamente, la corrección es un oficio y para ejercerlo se requieren personas que sepan ejecutar su trabajo, que puedan demostrar su eficiencia en el día a día; que sepan aplicar sus conocimientos académicos; que destaquen por su entrenamiento y por el desarrollo de sus competencias enciclopédicas, gramaticales y textuales (García Negroni y Estrada, 2006).

En épocas de modernidad y de inteligencias artificiales, quienes vivimos de la corrección somos conscientes de que es un engranaje importante en el proceso editorial; claramente, de nosotros depende su crecimiento y pervivencia. Sabemos que hablar de correctología marca un antes y un después en esta historia de la corrección que estamos escribiendo.

Referencias

García Negroni, M. M. y Estrada, A. (2006). ¿Corrector o corruptor? Saberes y competencias del corrector de estilo.En Páginas de Guarda 01.

Gómez Belart, N. (2021). Prolegómenos a una teoría sobre la corrección de textos. Revista Internacional de Lenguas Extranjeras, 15. doi: 10.17345/rile15.3147. https://revistes.urv.cat/index.php/rile/article/view/3147

Gómez Belart, N. (14 de noviembre de 2020). Correctología: la importancia de una base teórica en los métodos de corrección . AUCE Asociación Uruguaya de Correctores de Estilo https://www.youtube.com/watch?v=umGQnaj_GZs&ab_channel=AUCEAsociaci%C3%B3nUruguayadeCorrectoresdeEstilo

Gómez Belart, N. (2019). La corrección de textos. Un estudio funcional del vínculo entre el autor y el corrector [tesis doctoral].

Martín, A. (2019). La mano invisible: confesiones de un corrector iconoclasta. Consejo Superior de Investigaciones Científicas: Madrid

Sharpe, L. T. y Gunther, I. (2005). Manual de edición literaria y no literaria (1.ª ed. en español). México: Fondo de Cultura Económica.

Zavala, R. (2012). El libro y sus orillas. Tipografía, originales, redacción, corrección de estilo y de pruebas. México: FCE.

Zorrilla, A. (2015). Normativa lingüística y corrección de textos (5.a ed.). Buenos Aires: Fundación Litterae.

Cómo y dónde buscar una comunidad de correctores

Por Tania Fernández*

Si un corrector no tiene dudas, debería preocuparse. Mantenerse informado y actualizado en todo momento, más que fundamental, es crucial. No importa cuántos títulos, grados, licenciaturas, maestrías e incluso doctorados tenga: el corrector siempre debe estar al día, estudiando, investigando, aprendiendo.

Es importante estar activo en la comunidad de correctores y profesionales relacionados. Participar en capacitaciones, seminarios, talleres y presentaciones de libros; formar parte de círculos de lectura, aprovechar las bibliotecas públicas de su localidad, visitar librerías y centros de recopilación de libros de segunda mano. Estar cerca de escritores y editoriales, de libreros y bibliotecarios, así como de los creadores de contenido de sitios web y de aquellos que manejan las relaciones públicas y el mercadeo de hospitales, firmas de abogados, colegios y universidades y campañas políticas, tan de moda en esta época. 

La comunidad de correctores es amplia: todos necesitan un corrector, desde alguien que va a hacer un letrero hasta aquel que requiera corregir un trabajo de grado o tesis.

Para estar al día y ser visible, el corrector debe visitar bibliotecas públicas y privadas en su área de residencia o cerca de su lugar de trabajo. También es conveniente darse a conocer a través de las redes sociales, revistas digitales o impresas, medios de comunicación, podcasts, blogs y sitios web. Un corrector es necesario e importante en todas las instituciones imaginables, tanto públicas como privadas.

Por eso, un corrector no puede permitirse el lujo de estancarse. Debe buscar oportunidades de aprendizaje continuo, conectarse con otros profesionales del campo y mantenerse presente en diferentes plataformas para ofrecer sus servicios, para hacer docencia y explicarle a la gente por qué necesitan un corrector. 

Al estar en constante actualización y promoción, un corrector aumenta sus posibilidades de éxito y se posiciona como una figura imprescindible en el mundo editorial y en la comunicación escrita en general.

Pero, ¿dónde se busca esa comunidad? Hay muchos sitios en Internet en los que se puede empezar a mirar. La oferta es ilimitada y de calidad. Incluso, en algunos casos, gratuita. Y aquí les comparto algunos datos para empezar: el 1 y 2 de junio de 2023, la Universidad del Salvador, de Argentina, organizó las III Jornadas de Corrección, con una participación gratuita y temas muy interesantes. Los videos quedaron grabados en YouTube: https://www.youtube.com/@usal-letras-ling/streams.

Paralelamente, la Universidad Complutense de Madrid y la Unión de Correctores, el 31 de mayo, el 1 y el 2 de junio, desarrollaron las I Jornadas de Edición y Corrección. Esta gran oportunidad estuvo al alcance de todo el que tenga Internet y un móvil o computadora.

Y para comenzar la semana del 5 de junio, también se ha anunciado el II Congreso de Humanidades Digitales, también gratuito. Este es el enlace del programa: https://congresohumanidadesdigitales.es/programa/

Estas capacitaciones son una excelente manera de comenzar el sexto mes de este 2023, que pasa volando… Y no hay excusas para no empezar a crear interacciones con la comunidad. 

* tania.fernandezp@gmail.com.